Un Estado presente.

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La noción de Estado desde el punto de vista de los integrantes del mismo no siempre resulta la necesaria para alcanzar el desarrollo en el territorio.

Muchos lo ven como un tercero que nada tiene que ver con ellos mismos, otros como al gobierno de turno que debe dar respuesta a todas sus inquietudes más allá de los límites que imponen los propios recursos. Otros como el responsable de aquello que aún no se ha hecho.

La necesaria visión de un Estado que permite el desarrollo del territorio debe necesariamente incluir a los habitantes.

Esta participación que es mínima, de bajo costo es tan solo un proceso de cambio en la actitudes de la persona para con él ambiente que la rodea.

La ciudad más limpia de todas es aquella que lo habitantes no ensucian, más allá de la asistencia de un sistema de barrido y limpieza efectivo.

Los procesos participativos con valoración crítica del ambiente urbano permiten retroalimentar a la sociedad con información sobre aquellos aspectos del mismo que consideramos satisfactorios y de otros que merecen nuestra atención para ser mejorados con el esfuerzo colectivo.

La valoración del estado de una plaza, espacio común supremo de la ciudad, nos dará información sobre la conducta de quienes disfrutan de la misma, y de las acciones culturales que se deben potenciar para hacer de las mismas el reflejo inequívoco de la calidad humana que le da vida.

Aquel paisaje que más disfrutamos o padecemos es el que nos rodea a diario, de allá la importancia de que cada uno de nosotros adoptemos la necesidad de su custodia.