El Estado soy yo.

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A nadie se le ocurriría que para sacar un automóvil con toda la familia de un pozo, la familia pretenda quedarse dentro del vehículo exigiendo a su conductor que resuelva el conflicto sin la participación del resto de los pasajeros.

La presencia del Estado en la sociedad no es posible con actores pasivos que requieran la atención que este les pueda brindar.

El Estado es visto como un ente distinto de la sociedad, una organización que debe dar respuesta a los reclamos que la sociedad le haga sin importar su capacidad de resolver los mismos.

Para nuestra Fundación y sus análisis el Estado es la sociedad, la que debe asumir su compromiso de participación para dar satisfacción a sus propias demandas.

Por un lado el Estado cuenta con recursos monetarios, punto visible de los mayores conflictos con la sociedad en donde se enmarca la lucha entre su costo y el financiamiento del mismo.

Sin embargo poco se habla de la participación de los miembros en el quehacer cotidiano del Estado. Las personas reclaman al Estado como si tratara de un ser todo poderoso al que se le ha dotado de recursos monetarios suficientes para alcanzar el éxito de su propósito y que está obligado por ley a dar la máxima satisfacción a la sociedad.

Quienes habitan en una ciudad esperan de aquella figura del Estado la limpieza y el orden del espacio público. Más allá de las acciones individuales, estas mismas personas consideran que el Estado debe brindar un servicio acorde a la máxima exigencia de calidad en cada uno de los puntos que componen el territorio.

Si consideramos que el Estado somos todos los integrantes del mismo y que simplemente aportamos para optimizar nuestra participación es posible que podamos darnos una mejor calidad de vida.

Si como ciudadanos parte del Estado tenemos la conducta de no distribuir los residuos de nuestra vida por todo el territorio estaremos generando en gran medida una aproximación a la ciudad limpia que deseamos en forma individual y colectiva. Esta acción que nos convierte en parte del Estado ajusta las posibilidades del administrador del mismo, permitiendo asignar menores recursos al sistema de limpieza ajustando el presupuesto para potenciar aquellas acciones en las que la acción individual requiere de un aporte de recursos humanos y tecnológicos que potencien las mismas.

En la educación podemos ver como se manifiesta esta situación de la problemática que se plantea al momento de separar al Estado de sus principales actores. La sociedad espera que la escuela resuelva el problema de educación, que sea el docente quién resuelva este tema pues él como parte del Estado debe dar la máxima satisfacción a la sociedad que observa sin compromiso este proceso.

Es necesario el compromiso individual en las actividades que competen al Estado pues este no está formado con nadie más que con sus miembros.

Mejorar la Educación y la limpieza de la ciudad requiere de capacitar y formar no solamente al empleado del Estado quién sin dudas debe contar con la mejor preparación para ello, sino también a los ciudadanos para ser ellos los mejores auxiliares de estos.

En aquellas actividades que solamente se pueden emprender de manera colectiva, estás deben llevarse adelante con acciones individuales de calidad, mejoradas en su terminación por los agentes del Estado.

Desde este punto de vista el Estado solo se tornará eficiente no solamente con la mejora del sector público, sino con el compromiso de la sociedad en ese mismo sentido.

Tu participación en la mejora siempre es posible y está a tu alcance perfeccionarla para que cada día vivas mejor, sin variar lo que haces, sino el cómo lo haces.