Inclusión y competitividad, el caso Argentina.

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Los gobiernos buscan en casi todos los casos incrementar el nivel de consumo de sus sectores más postergados como una muestra de que sus acciones son las correctas.
No podemos discutir que mejorar la calidad de vida de los habitantes de un territorio es un objetivo deseable, pero debemos comprender que ese proceso debe ser también continuo y sostenible.
El grafico que acompaña este artículo nos muestra que según el nivel de ingresos de una familia, se alcanza un consumo que requiere de insumos que son importados.
A mayor nivel de consumo, el requerimiento de moneda extranjera aumenta de manera exponencial.
Aún los consumos de indigencia llevan incorporados insumos importados que demandan divisas.
Para incorporar a más familias por encima de la línea de pobreza e indigencia es importante contar con una mayor cantidad de divisas.
Cuando se reduce el número de familias en situación de indigencia y pobreza, menor es el saldo de la balanza comercial.
Si la cantidad de divisas disponibles disminuye es inevitable que más personas ingresen en las franjas inferiores de consumo.
En la Argentina de 2014 la disponibilidad de divisas es escasa, motivado por un alto consumo de energía que debe ser importado.
Esta situación lleva a reducir importaciones que facilitan el proceso de inclusión social.
Los próximos años tendrán un marco similar que solamente será paliado por una reducción de los consumos de energía, o un incremento de la producción local.
En el pasado la Argentina ha tomado deuda en moneda extranjera a los efectos de poder financiar importaciones sin perfeccionar su competitividad.
Es de esperar que en el futuro el camino sea el desarrollo continuo y sostenible basado en la competitividad de la economía del país.